Apenas a tres horas en coche desde Montreal, el camino nos lleva a un destino nevado ideal para esquiar y relajarnos: Mont-Tremblant, donde las fotos siempre se quedarán cortas… esto es el paraíso, esto es Canadá
 
La luz matutina se conjuga con la densa y gélida neblina. Estamos a cero grados, pero el vapor caliente de la piscina me seduce para que llegue hasta ella. Es sin duda la mejor recompensa después de esquiar un día completo. 
 

A unos minutos en coche desde el hotel, están los baños termales al estilo escandinavo del Spa Scandinave, un verdadero refugio en medio de la Naturaleza para tomarse en serio un merecido descanso.

 
Este proceso de estar en tinas de agua caliente 20 minutos, después ducharse en agua fría y posteriormente dejar descansar el cuerpo, es revitalizante y ya lo viví hace un par de días al sur de Montreal, pero me gustó tanto que decidí hacerlo una vez más.
 
Aquí en el Spa Scandinave me siento libre. Está ubicado a la orilla del Río Diablo, por lo que puedo estar en contacto con animales como venados, aves y ardillas, aunque algunos han llegado a ver hasta alces.
 
Entre la comodidad y el olor de los solares de enormes ventanales, encuentro armonía. Inciensos y vapor cubren mi cuerpo en cada espacio. Sólo se escucha el canto de las aves y el ruido del agua de las cascadas artificiales y naturales que me rodean. Bueno y uno que otro grito de quien se anima a entrar en el río congelado para completar el ritual. Pasar el día aquí es como estar en el paraíso.

Sentado al calor de una fogata, en bata solamente, el tiempo pasa despacio. Nadie tiene prisa. Es el tiempo de uno mismo.

 
 

Hotel y masaje en pareja
 
Una vista completa del Lago Tremblant congelado es mi escenario desde la habitación. El Hotel Quintessence tiene sin duda la mejor ubicación y paisajes de la zona. En estas exclusivas y acogedoras habitaciones han descansado personalidades como Jack Nicholson, Catherine Zeta-Jones y Michael Douglas.
 
El broche de oro de esta noche es el masaje en pareja. Cierro los ojos. La música empieza a invadir mi mente. Mis sentidos comienzan a abrirse a todo lo que me rodea. El incienso me invita a entrar en estado zen, el aroma me invade. El calor de la chimenea me hace relajar y disfrutar. Me pierdo en los movimientos de las manos de mi terapeuta. El clímax viene al terminar esta sesión con un delicioso vino tino desde la serenidad del balcón, disfrutando el paisaje nevado y a la luz de las velas.
 

La cena es espectacular. El restaurante es acogedor a sobremanera. El ambiente es cálido y tenue, hasta sexy por momentos. El romance está en el aire. Cualquier platillo elegido es un verdadero manjar que debe disfrutarse despacio: cordero, pollo, pato, res. La cena ideal y más romántica del mundo siempre debería ser aquí

 
 

Vuelo en helicóptero
 
Al día siguiente una aventura nos espera. La tarde está completamente despejada, así que es la mejor oportunidad de recorrer la zona a bordo de un helicóptero. Apenas despegar, vienen a nosotros espectaculares paisajes nevados. Parecemos niños señalando las construcciones que abajo se dejan descubrir desde el aire. Avanzamos seguros por el cielo.
 
Vemos en todo su esplendor los lagos congelados repletos de hábiles patinadores. Más adelante estamos frente a la Montaña. Disfruto gustoso del espectáculo de cientos de aguerridos deportistas bajando y subiendo una y cien veces más para conquistar la cima.
 
Incluso veo montaña abajo, un grupo de niños que juega peleas con nieve. Otros pequeños grupos de personas avanzan despacio a bordo de trineos atravesando inclinados senderos. El atardecer nos ofrece majestuosas tonalidades color naranja que se funden con el blanco de los pinos a nuestro paso.
 
Pasear por la noche en la pintoresca villa no tiene igual. Aquí encontramos de todo, desde festivales de música, hasta esquiadores resguardándose del frío en restaurantes y cafeterías aledañas. Caminando rumbo al hotel, no dejo pasar la oportunidad de probar las tradicionales “Colas de castor” (especie de buñuelos con cajeta o diversos sabores) acompañadas de un delicioso y caliente café.
 
Es hora de regresar a la calidez de mi habitación.
 
 
 
Texto y Fotos: Hector Arriaga Martínez 
 

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